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marzo 04, 2009

Redacción: ¿Qué hice en mis vacaciones?

So.
Ejem.

¿Vieron cuándo a uno le prestan un libro? Uno lo lee, e intenta que sea rápido. Y luego llega el momento de la devolución, y uno tiene TODAS LAS INTENCIONES de hacerlo. Llama a su amigo/a. Le ofrece para dejárselo abajo, pero justo vive en un edificio sin portero. Poco a poco el entusiasmo se va disipando y un día, uno se encuentra con que ese libro forma parte de su biblioteca...
Esta simple pero identificatoria analogía explica a la perfección lo que sucedió con el blog este verano. Digamos solamente que el camino al infierno está plagado de buenas intenciones.

Las vacaciones fueron extensas y diversas, con miles de estímulos suficientes como para compartir con mis seducidos y abandonados lectores. Solo que no lograron ser, al parecer, lo suficientemente estimulantes como para acercarme a este teclado y escribir las pavadas que están leyendo ahora.

Por eso, y ante la necesidad de elegir el highlight de la temporada, me inclino a hablar de algo que afortunadamente ya no es novedoso pero que al mismo tiempo me enorgullece haber vivido desde adentro: la Fundación Pablo Atchugarry. Toda la información formal la encuentran en el nuevo sitio web, pero quien no la conoce está obligado a asistir y después me cuenta. Ni que hablar que hasta el 31 de marzo, que permanece abierta, tienen la chance de toparse con Pablo o Silvana Atchugarry y maravillarse con su sencillez, generosidad y espíritus. Sé que estas palabras parecen sacadas de un folleto trucho, pero ellos hacen aflorar el lado cursi que todos tenemos.

Les dejo entonces unas fotos de la muestra Revival de Valentina Torrado:

Valentina junto a Pablo Atchugarry, pegando el texto.

En pleno montaje.

Mi amiga Moni, superelegante el día de la inauguración (¡me encanta esta foto!)

noviembre 10, 2008

Chicas modernas





Mi amor por la obra de la artista Petrona Viera (1895-1960) no es nuevo. Como tampoco es una novedad que su notable sensibilidad y su pasión por la pintura la llevaran a ser la primera pintora uruguaya profesional, guiada de la mano de sus maestros Vicente Puig, Guillermo Laborde y Guillermo Rodríguez a través de las líneas del planismo.




Ciertamente su lugar en la vida dotó a su particular mirada de aspectos que no compartían otros colegas generacionales: sorda desde los dos años debido a una meningitis, creció rodeada de una familia numerosa que en un momento supo ser la del Presidente de la República. Para quienes les interese, hay muchos más datos aquí.





Sin embargo, la evocación de Petrona Viera hoy tiene que ver con la emoción que me produjeron sus obras cuando las vi en el Museo de Artes Visuales no hace mucho. Resulta que el Museo, en su afán de sacudir las telarañas, desempolvó una serie de buenísimas obras pertenecientes a su acervo, y por razones de espacio, siempre guardadas. Y allí estaba Petrona. Estoy acostumbrada a ver su obra cada tanto: en la muestra del Zorrilla hace dos años, en el cuadro que mi tía tiene sobre el hogar, o en el grabado de pájaros que es el favorito de mi abuela.



Solo que esta vez me pegó, como algo totalmente moderno. Me recordó a varias de las producciones de moda que vi en la Vogue Italia, por ejemplo. Su exquisita estética, fuertemente constitutiva de nuestra identidad, está allí para ser tomada, reproducida, mezclada.

octubre 09, 2008

Julian Beever en Montevideo!



Ayer volvía apurada del trabajo, me bajé en la parada del Punta Carretas Shopping y vi, sobre la explanada de la entrada, un grupo de gente agolpada alrededor de una carpa. En el medio, y celosamente vigilado por un guardia, un simpático hombre con pinta de extranjero pintaba sobre el piso, chequeando de vez en cuando su trabajo a través de una cámara. Miré la marquesina de la carpa: Julian Beever deja su huella en la ciudad. Uno de los artistas callejeros más conocidos del mundo -ese de los PowerPoint con sus pozos 3D- comenzaba su trabajo, convocado por Ballentine's. Al parecer termina el viernes, no se lo pierdan.


PD: De noche, caí de casualidad en Film&Arts, que pasaba un programa especial sobre Julian Beever. Y después dicen que Montevideo no es cosmopolita...

septiembre 19, 2008

What a week (no wonder I'm tired)


Queridos amigos,


Esta semana no paré, y por eso no posteé. Pero todo el fruto de las actividades que voy a enumerar se verá volcado en este blog para su deleite. El lunes, ya ni lo recuerdo. El martes fui al desfile de Spy en el Radisson. Hubo un vestido tipo liberty -me encanta el liberty, miren la imagen que encontré- y volados que me encantó, muy para usar con campera de jean (mmm, ¿la vuelta de John L. Cook?) y carterita de cuero marrón. Sobre todo, y más allá de que es una marca de básicos que no me interesa mucho, aplaudo el hecho de realizar un desfile, concepto que parece escasear esta temporada estival (el que más extrañaré es el de Livni-Escuder, que con su moda lenta directamente desecharon la pasarela este año). El miércoles empecé el taller textil de El Origen y estoy encantada. Desde febrero, cuando escribí una nota para VayVen, tengo ganas de probar esta mezcla de taller de costura y cuelgue filosófico. Ya ahondaré. De noche llegué con la lengua afuera al desfile Midweek de la escuela de Peter. Debo decir que, comparado con otros que vi en años anteriores, estuvo un poco flojo. De todos modos, repito, viva el esfuerzo. El jueves viví la mezcla de paquetería total y bohemia artística en el vernissage de Legalidad urbana, la nueva muestra de Sebastián Sáez. Me gustaban mucho los retratos de este artista de la FAC, con sus colores flúo sobre el papel de embalaje. Ahora les agregó unos detalles que, en mi modesta y no del todo formada opinión, arruinaron esa expresión entre cándida y guerrillera que expresaban sus retratados. De todos modos sigo diciendo que me gustaría "empapelar" alguna pared de mi casa con su arte.

Hoy viernes fui finalmente a la Rural. Me moría por volver luego de haber estado el lunes de noche en plan groupie de Guatusi. Con el ojo más entrenado en busca de lo "interesante", encontré en la Rural una mezcla que me estimuló mucho para testimoniar. Finalmente no me encantaron las fotos que saqué, pero sí prometo un buen post con reflexiones al respecto.


A partir de ahora, el ritmo se mantiene. No dejen de visitarme.


À plus

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